Una pistola dentro del aula: santa fe se hunde en la pesadilla del crimen escolar

Ian Cabrera tenía 13 años y soñaba con ser veterinario. Ahora su pupitre de la Escuela 40 de San Cristóbal está lleno de flores y cartas de despedida. El viernes, un compañero de 15 ingresó con un arma, apuntó y disparó. Ian cayó. Otros dos adolescentes sangraron. La provincia entera se paralizó.

El ministro goity habla, pero el silencio pesa más

José Goity, ministro de Educación santafesino, compareció ante los micrófonos con la voz rota. Dijo que el agresor «atravesaba una situación del ámbito intrafamiliar muy compleja». Nada más. Ni expediente psicopedagógico, ni alertas, ni denuncias. Un muchacho que pasó por la primaria y la secundaria como quien atraviesa un túnel sin luces.

Goity repitió la consigna oficial: «No registra antecedentes». Lo que no explica es cómo un chico sin historia logró conseguir un arma de fuego y decidir que la respuesta a su dolor era un disparo dentro del aula. La investigación recién empieza, pero la pregunta ya late en cada casa: ¿cuántos chicos más cargan un arma invisible bajo el buzo del uniforme?

El hospital que recibió la bala y la esperanza

El hospital que recibió la bala y la esperanza

El segundo herido, otro chico de 13 años, ingresó al Hospital Regional de Rafaela con «código rojo». Tenía el cráneo y el tórax atravesados por plomo. Los médicos lo estabilizaron. Ahora lo trasladan al Hospital Alassia de Santa Fe para una cirugía de alta complejidad. El tercer adolescente, de 15, apenas tiene rasguños, pero la cicatriz emocional empieza en la piel y no se sabe hasta dónde llegará.

El director del hospital de San Cristóbal, Armando Borsini, confesó que nunca imaginó recibir a un alumso con bala en la frente. «Nos entrenan para accidentes de tránsito, no para guerras dentro del colegio», dijo. La frase quedó flotando en el pasillo como una condena.

La provincia cierra escuelas y abre heridas

La provincia cierra escuelas y abre heridas

El gobierno de Santa Fe decretó la suspensión de clases en toda la ciudad. Los equipos de salud mental llegaron con carpas y folletos, pero los padres no quieren terapias: quieren respuestas. Quieren saber quién le vendió el arma al asesino, quién ignoró los gritos mudos que debió dar ese adolescente antes de convertirse en un monstruo de 15 años.

El ministro de Seguridad, Pablo Cococcini, prometió «mano dura». Difundió el dato duro: el 80 % de los homicidios de menores en Santa Fe se cometen con armas de fuego de dudosa procedencia. Prometió allanamientos. Pero la calle ya sabe que las pistolas llegan más rápido que los operativos.

La foto que nadie quiere publicar

Antonela Cabrera, tía de Ian, subió a Instagram una imagen del muchacho con su perro. La foto tiene 30 mil «me gusta» y cientos de comentarios pidiendo «justicia». Pero la justicia para Ian ya no existe. Lo que queda es la foto, el perro que lo espera y la pregunta que no entra en ningún expediente: ¿cómo se le explica a un can que su dueño no volverá porque otro chico imitó una película de Netflix con un arma de verdad?

La escuela 40 «Mariano Moreno» permanece cerrada con cadenas y flores. Los docentes se negaron a dar clases virtuales: «No podemos enseñar como si nada», dijeron. En la puerta, una mamá escribió con tizas: «No queremos volver hasta que el miedo se vaya». El problema es que el miedo ya entró y se sientó en el último banco.

Goity prometió un «plan integral» contra la violencia escolar. Lo dijo en la misma conferencia en la que admitió que no tienen un registro único de armas secuestradas a menores. Mientras tanto, los padres de San Cristóbal compran mochiles antibalas por Mercado Libre. La provincia que supo ser cuna del muralismo y del fútbol ahora exporta un nuevo producto: el pánico escolar.