Valencia basket abraza su décima: la copa que nació del barro

El Roig Arena olía a sudor, cava y lágrimas contenidas. Mil quinientos valencianos corearon 'La Promesa' mientras Queralt Casas alzaba la Copa de la Reina como quien devuelve un trozo de oxígeno a una afición que llevaba meses sofocando insultos y clasificaciones negativas.

Una temporada que pareía muerta y resucitó en tarragona

No fue un título más. Fue una huida hacia adelante. El equipo de Rubén Burgos llegó a la Final Four con la tabla de salvación bajo el brazo: octava en la Liga, lesionadas clave, dos rookies que pareían perdidas y la prensa local pidiendo cabezas. Lo que nadie cuenta es que en el vestuario se habían jurado no dejarse arrastrar por el discurso del desastre. «Cuando la gente cree, confía y viene a pasárselo bien pasan cosas bonitas», resumió María Araújo antes de abrazar a Cristina Ouviña, que se perdió el torneo pero celebró con su bebé en brazos.

La pívot gallega Raquel Carrera ejerció de maestra de ceremonios y dejó caer la frase que resume el ADN del club: «Cada título es especial, pero este huele a barro». Traducción: se ganó en la cuneta, con defensa 2-3, con Khaalia Hillsman convertida en MVP después de pasarse la fase regular en el dique seco de las dudas. La estadounidense bailó merengue sobre el escenario y confesó que no esperaba el trofeo individual: «Creo que todas lo hemos sido».

Juan roig, la familia y el negocio de creer

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El máximo accionista subió al final, como quien pone la guinda a una inversión emocional. Lleva diez años sosteniendo un equipo femenino que no da dinero pero que le devuelve prestige y comunidad. «Para demostrar tu talento necesitas confianza», le recordó Burgos a la grada. La confianza, en este caso, se mide en 1.500 abonos vendidos en 48 horas y en un himno estrenado en octubre que ya suena como un clásico.

La expedición visitó antes la Basílica de la Mare de Déu a dejar la copa en manos de la Virgen de los Desamparados. Superstición, marketing o ambas: lo cierto es que el club ha ganado cuatro de las seis últimas competiciones que ha disputado tras pasar por la basílica. La cifra habla por sí sola.

Quedan ocho jornadas de Liga. El Valencia está a dos victorias del cuarto puesto y sueña con cerrar la remontada en casa. «Ahora a por la Liga», deslizó Awa Fam mientras la afición entonaba el coro de rigor. No es una promesa, es una amenaza en clave de alarido. El mismo que escuchó anoche el Roig Arena y que, seguramente, volverá a escuchar en junio.