Zulema jattin se niega a retractarse y arriesga todo contra uribe

Zulema Jattin dio un paso al vacío. La exsenadora colombiana acaba de confirmar que no retirará ni una coma de lo que dijo ante la Jurisdicción Especial para la Paz: que Álvaro Uribe tejió alianzas con paramilitares. La Fiscalía ya tiene su negativa por escrito. El proceso por injuria y calumnia avanza. Y ella, lejos de amedrentarse, apuesta a que la justicia terminará dándole la razón.

La negativa que enciende el país

La frase fue breve, pero su eco recorre los pasillos de la justicia colombiana: «No tengo ánimo conciliatorio». Con esas cuatro palabras, Jattin cerró la puerta a la única salida que le ofrecían los abogados de Uribe: retractarse públicamente y atribuir sus dichos a una «percepción» personal. La reunión entre letrados, celebrada en octubre de 2024 en la firma De la Espriella Lawyers, terminó en un café frío y un silencio incómodo.

La exmandataria sabe que el camino que eligió es de alto riesgo. Si el tribunal la condena, la factura puede incluir multas millonarias y hasta penas de cárcel. Poco le importa. «Prefiero sentarme en el banquillo que traicionar lo que vi», repitió ante el fiscal delegado. Su testimonio en la JEP, donde relacionó a Uribe con estructuras paramilitares en Córdoba y Sucre, es ahora la línea roja que no piensa cruzar.

El pacto que nadie logró romper

El pacto que nadie logró romper

Detrás de la pulseada judicial hay una historia vieja: el 'pacto de Ralito' y la parapolítica que devoró al Congreso. Jattin fue una de los 60 legisladores investigados por la Corte Suprema. Firmó un acuerdo con las Autodefensas Unidas de Colombia en 2001, cuando el paramilitarismo buscaba lavarse la cara y tejer red de protección política. Ahora dice que la presión era «respaldar la agenda de las AUC o convertirse en objetivo».

Uribe, por su parte, niega vínculos y denuncia una campaña de desprestigio. Su demanda contra Jattin es la punta del iceberg: otros 20 excongresistas han sido demandados por él por los mismos delitos. La estrategia es clara: desmontar cada testimonio que lo vincule con grupos ilegales. Con la exsenadora, sin embargo, encontró una adversaria que prefiere apostar todo antes que ceder.

El país observa. En redes, la polarización vuelve a encenderse: hashtags a favor y en contra trepan cada vez que Jattin habla. Los analistas calculan que el juicio podría prolongarse hasta 2026. Mientras tanto, la exsenadora sigue recorriendo radios y foros, repitiendo su verdad como quien repite una letanía. «No me arrepiento», repitió esta semana en Caracol Radio. Y colgó. No necesitó decir más.